Sunday, September 23, 2012

Como cosas calladas de mi alma


Pablo Neruda


Me gusta cuando callas porque estás como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca,
parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.



Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía,
mariposa de sueño, te pareces a mi alma
y te pareces a la palabra melancolía.



Me gusta cuando callas y estás como distante,
y estás como quejándote, mariposa en arrullo,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con un silencio tuyo.



Déjame que te hable también con tu silencio,
claro como una lámpara, simple como un anillo,
eres como la noche, callada y constelada,
tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.



Me gusta cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa, como si hubieras muerto,
una palabra entonces, una sonrisa bastan,
y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.



Monday, September 17, 2012

Realidad cotidiana

 





Suena el despertador.
¡Qué pereza!
Remolonea un poco más, son las ocho menos veinte, aún tienes tiempo. Cierras los ojos otra vez. Para cuando te quieres dar cuenta, esos dos minutos se han convertido en veinte. Entonces te levantas y subes la persiana, y te enfrentas al primer mareo del día. Vas al baño a lavarte la cara y quitarte esas pintas de zombie, aunque tus párpados te pesan como cien losas de piedra. Te vistes. Vaqueros, camiseta, sudadera y converse. Vas con prisa, ¡qué más da! Te peinas esos pelos de loca... ¡O no!


Guardas el portatil en la funda. ¿Estará cargada la batería? Cómo sea, ya no me da tiempo a cargarla. Bajas las escaleras y casi te la das porque tus piernas parecen dos flanes.
Entras en la cocina. Luz gris y el canario aún está dormido. ¡Qué envidia! Míralo ahí, hecho una bolita. ¿Cuándo sabe un canario si es pronto o si es tarde?
En fin, abres la nevera No tienes hambre, pero tienes que desayunar. Leche, colacao y galletas. Miras el reloj. Son y media. No, no me da tiempo ni de coña. ¡A tomar por saco! Me tomaré un café en la uni.


 Ahora al aseo. Sombra aquí, sombra allá. ¡Quitaojeras! ¡Como te quiero! Un poco de raya del ojo, o un poco de ojo en la raya. Nada de rímel, que llego tarde. Coges las llaves y sales pitando de casa cuando ves pasar el autobús por la ventana. Corres como una loca hasta la parada levantando el brazo para que el conductor te vea y se parta el culo viéndote correr con la carpeta del portatil botando contra tu cuerpo. Entras al autobús jadeando y pasas el bonobús. Está gastado. ¡Estupendo!


Es tu rutina.



 Y la de todo aquello que te observa sin que tú lo sepas.





Nora H.



Sunday, September 9, 2012

Hierro y luz





Cojo mi Nikon D3100 -bueno, en realidad no es mía, es de mi mejor amigo, pero yo tengo el mismo modelo aunque no está disponible esta semana- y, echando de menos una correa para colgármela por el cuello, me enfrento a la estatua. La contemplo.
- Parece unas tenazas
- Sí, ¿verdad? Yo he pensado lo mismo.
- O el número diez.
Saco la primera foto. Normal. La escultura entera. Sale oscura. No pasa nada, es solo una prueba y la cámara no está en automático.






- Qué pena que esté llena de graffitis
Rodeo la escultura, buscando algún plano bonito o interesante. Me gustan los contrapicados. Molan.
- Mi vecino se apellida Aizkorbe
Saco otra foto. Horrible, demasiado iluminada. Además, está muy borrosa. Es por que el enfoque y el zoom están en manual. Mi amigo me lo explica mientras yo contemplo la cámara confusa. ¿Esas dos cosas no iban siempre unidas?
- Anda, trae la cámara y ponla en automático
- ¡Qué dices! Vamos a toquetearla un poco
Mi amigo corrige la cámara. Yo no sé hacerlo. Mi tentación es ponerla en automático. Cierra diafragma, abre obturador, velocidad más lenta... ¿Eing? No entiendo nada. El caso es que saco la foto y sale bien. Me emociono y hago un contrapicado. Error.




- Me ha salido oscura por el sol
- Hace un día muy bonito pero la luz es un problema
Mi amigo vuelve a toquetear la cámara. Yo también quiero aprender. Saco unas pocas fotos más. La iluminación mejora. La escultura se recorta contra  la hierba, el Edificio Singular, el cielo azul, y los árboles que a su vez se recortan contra este. El sol se esconde tras el hierro. Mi amigo me observa apoyado en su trípode. Finalmente, le devuelvo la Nikon.
- ¡Qué calor!
- El cielo está precioso